Día "D" para Venezuela


#1

CAMBRIDGE – La crisis de Venezuela está pasando, inexorablemente, de ser catastrófica a ser inimaginable. El nivel de miseria, sufrimiento humano y destrucción ha llegado a un punto en que la comunidad internacional debe repensar cómo puede ayudar.

Hace dos años, advertí que en Venezuela se avecinaba una hambruna similar al Holomodor de Ucrania entre 1932 y1933. El 17 de diciembre, The New York Times publicó en su portada fotografías de este desastre, provocado por el hombre.

En julio, describí la calamidad económica sin precedentes por la que atraviesa Venezuela y documenté el colapso en la producción, los ingresos, y los niveles de vida y salud. Probablemente, la estadística más reveladora que cité fue que el sueldo mínimo (el que en Venezuela gana el trabajador mediano), medido en la caloría más barata disponible, había caído de 52.854 calorías diarias en mayo de 2012 a tan solo 7.005 en mayo de 2017, completamente insuficiente para alimentar a una familia de cinco personas.

Desde entonces, la situación ha empeorado de manera drástica. Para el mes de noviembre, el sueldo mínimo se había desplomado a apenas 2.740 calorías diarias. Y la escasez de proteínas es todavía más aguda. El abastecimiento de carne de cualquier tipo es tan reducido, que el precio de un kilo en el mercado equivale a más de una semana de trabajo remunerado al sueldo mínimo.

Las condiciones de salud también han decaído, como consecuencia de las deficiencias nutricionales y de que el gobierno decidió no proveer fórmula para lactantes, vacunas contra enfermedades infecciosas, medicamentos para quienes están en tratamiento por SIDA, cáncer, diálisis y trasplante, y también los suministros generales de los hospitales. Desde el 1 de agosto, el valor del dólar ha añadido un cero, y desde septiembre, la inflación ha estado por encima del 50% al mes.

De acuerdo a la OPEP, desde mayo la producción de petróleo ha declinado el 16%, una reducción de más de 350.000 barriles al día. Para detener este declive, el gobierno del presidente Nicolás Maduro no ha tenido mejor idea que arrestar a alrededor de 60 ejecutivos de PDVSA, la empresa petrolera estatal, y nombrar a un general de la Guardia Nacional sin experiencia en la industria para conducir sus operaciones.

En lugar de tomar medidas para poner fin a esta crisis humanitaria, el gobierno la está usando para consolidar su control político. Rechaza los ofrecimientos de asistencia internacional, al tiempo que, para sofocar las manifestaciones, invierte sus recursos en adquirir sistemas de control de disturbios de grado militar fabricados en China.

Muchos observadores externos creen que el gobierno perderá poder a medida que la economía siga empeorando. Sin embargo, la oposición política organizada está hoy en una posición de mayor debilidad que en julio, a pesar de la crisis y del masivo apoyo diplomático internacional. Desde entonces, el gobierno ha instalado una Asamblea Constituyente inconstitucional con plenos poderes, ha cancelado el registro electoral de los tres principales partidos de oposición, ha destituido a alcaldes y diputados legítimamente elegidos, y se ha robado tres elecciones.

Dado que todas las soluciones son imprácticas, inviables o inaceptables, la mayoría de los venezolanos anhelan alguna forma de deus ex machina que los salve de esta tragedia. Lo mejor sería poder convocar elecciones libres y justas para llegar a tener un nuevo gobierno. Este es el Plan A de la oposición venezolana organizada en torno a Mesa de la Unidad Democrática, y es lo que se busca en las conversaciones que se están realizando en la República Dominicana.

No obstante, es un desafío a la credulidad pensar que un régimen dispuesto a matar de hambre a millones de personas para mantenerse en el poder, va a ceder ese poder en elecciones libres. En la década de 1940 en Europa Oriental, los regímenes estalinistas consolidaron su poder pese a sufrir derrotas electorales. El hecho de que el gobierno de Maduro se haya robado tres elecciones tan solo en 2017, y que haya bloqueado la participación electoral de tres de los partidos con los cuales está negociando en República Dominicana, de nuevo a pesar de una atención diplomática internacional masiva, sugiere que el éxito es improbable.

La idea de un golpe militar para restaurar el orden constitucional agrada menos a muchos políticos democráticos porque temen que después los soldados no regresen a sus cuarteles. Por lo demás, el régimen de Maduro ya es una dictadura militar, con oficiales a cargo de muchas agencias gubernamentales. Los oficiales de alto rango de las fuerzas armadas son esencialmente corruptos, habiendo participado durante años en actividades de contrabando, delitos cambiarios y en las compras públicas, narcotráfico y muertes extrajudiciales que, en términos per cápita, son tres veces más prevalentes que en Las Filipinas de Rodrigo Duterte. Un número importante de altos oficiales decentes han estado renunciando a las fuerzas armadas.

Las sanciones focalizadas en individuos, que administra la Office of Foreign Assets Control (OFAC) de Estados Unidos, están incomodando a muchos de los bandidos que gobiernan Venezuela. No obstante, en el mejor de los casos son muy lentas, pues para el tiempo que rindan el efecto deseado se habrán producido decenas de miles de muertes evitables y se habrán ido al exterior millones de nuevos refugiados venezolanos. Y, en el peor de los casos, nunca surtirán efecto. Al fin y al cabo, sanciones como estas no han conducido a un cambio de régimen en Rusia, Corea del Norte, ni Irán.

Esto nos deja con una posible intervención militar internacional, solución que asusta a la mayoría de los gobiernos latinoamericanos a causa de la historia de agresiones contra sus intereses soberanos, especialmente en México y Centroamérica. Pero es posible que estas no sean las analogías históricas correctas. Después de todo, Simón Bolívar pasó a ser llamado el Libertador de Venezuela gracias a la invasión de 1814 organizada y financiada por la vecina Nueva Granada (hoy Colombia). Entre 1940 y 1944, Francia, Bélgica y los Países Bajos no lograron liberarse de un régimen opresivo sin una acción militar internacional.

La implicación es clara. A medida que la situación en Venezuela se torna inimaginable, sus posibles soluciones se acercan a lo inconcebible. La Asamblea Nacional debidamente elegida hace dos años, en la cual la oposición tiene una mayoría de dos tercios, ha sido despojada de todo su poder de manera inconstitucional por una Corte Suprema nombrada inconstitucionalmente. Y las fuerzas armadas han empleado ilegítimamente su poder para reprimir las protestas y obligar a exiliarse a muchos líderes, entre ellos los jueces de la Corte Suprema que la Asamblea Nacional nombró en julio.

Si se trata de soluciones, por qué no considerar la siguiente: la Asamblea Nacional podría destituir a Maduro y al narcotraficante de su vicepresidente, Tareck El Aissami, sancionado por la OFAC y a quien el gobierno estadounidense le ha embargado más de US$ 500 millones. Dado este vacío de poder, la Asamblea, nombraría de forma constitucional a un nuevo gobierno, el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela de la misma forma en que canadienses, australianos, británicos y estadounidenses liberaron a Europa en 1944-1945. Más cerca de casa, esto sería semejante a la liberación de Panamá de la opresión de Manuel Noriega por parte de Estados Unidos, la que marcó el inicio de su democracia y del crecimiento económico más rápido de América Latina.

De acuerdo al derecho internacional, nada de esto requeriría la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (que Rusia y China podrían vetar), puesto que la fuerza militar sería invitada por un gobierno legítimo en busca de apoyo para defender la constitución de su país. La existencia de una opción como esta incluso podría mejorar la probabilidad de que las negociaciones que se están llevando a cabo en la República Dominicana lleguen a un resultado exitoso.

El colapso de Venezuela es contrario al interés nacional de la mayoría de los países. Y las condiciones imperantes en el país constituyen un delito de lesa humanidad al que se debe poner fin por razones morales. El fracaso de la Operación Market Garden en septiembre de 1944, inmortalizado en el libro y el film “Un puente lejano”, se tradujo en la hambruna del invierno 1944-1945 en los Países Bajos. La hambruna en la Venezuela de hoy ya es peor que esa. ¿Cuántas vidas más serán destrozadas antes de que arribe la salvación?

Traducción del inglés por Ana María Velasco


#2

Nunca entenderé a estos mangas miadas, y cuando le preguntan sobre la invasión que nos tienen cubanos, chinos y rusos, no responde nada


#3

Ignorando a los pendejos que por alguna razón creen aún que son parte de un estado soberano.¿Cómo se puede presionar de algún lado para que la AN legítima nombre un gobierno de transición?¿Volver a las calles pero esta vez con el claro objetivo de exigir a la AN cumplir con el mandato del 16 de julio ?.


#4

Creo que la única opción que quedaría, es con mediación del TSJ.


#5

Cielo… créeme, por conocimiento personal, te podemos garantizar que esos güevones no saben ni donde están parados.

Y mucho me temo que tampoco lo quieren saber.


#6

El corazón del profesor Ricardo Hausmann está en el lugar correcto, pero su propuesta de una intervención militar para salvar a Venezuela del gobierno de Nicolás Maduro simplemente no va a suceder. No funcionaría.

Para empezar, la única manera en que puede tener éxito un cambio de régimen mediante un ataque armado sería si los militares de Estados Unidos tomaran la iniciativa. Dejando de lado el factor Donald Trump por el momento, el legado de cerca de un siglo de intervenciones directas o indirectas de Estados Unidos en los asuntos internos de casi todos los países de América implica que nadie en el hemisferio va a apoyar una invasión militar directa de Washington.

Tal vez un país latinoamericano como Brasil podría dirigir las fuerzas estadounidenses, como ocurrió como la misión de observadores militares MOMEP de las Naciones Unidas, que arbitró el conflicto Ecuador-Perú en la década de 1990. En efecto, esto sería consistente con los llamados por una mayor asociación regional lanzada por el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, almirante Kurt Tidd, en un testimonio ante el Congreso en abril. Sin embargo, emprender ejercicios conjuntos de entrenamiento militar en la selva en la Amazonia brasileña es muy diferente a permitir que una fuerza extranjera envíe tropas estadounidenses a la batalla e, inevitablemente, a la muerte. También asume que Trump rechazaría la oportunidad de probarse a sí mismo como el más grande líder militar en la historia de Estados Unidos.

Aún así, asumamos como hipótesis que Trump decidiera dejar el liderazgo de la operación a socios regionales, poniendo a su disposición el poder total de las fuerzas armadas de Estados Unidos. ¿Quién en América tendría la capacidad de planear y dirigir esa invasión? No es por criticar la calidad del liderazgo militar a lo largo de la región, pero sí hay que señalar que la escala logística y estratégica de una operación así está simplemente más allá de los programas de entrenamiento del conjunto de los cuerpos de oficiales de Latinoamérica. Un brasileño, un chileno, un colombiano o un mexicano podría ser el jefe, pero en realidad la operación y el control estratégico descansaría en los militares estadounidenses y en Washington. Al final, la idea de Hausmann solamente crearía más confusión en un país que arrastra una larga crisis política y económica.

Pero éstas no son las razones por las cuales el llamado de Hausmann a una intervención armada en Venezuela probablemente caerá en oídos sordos. La soberanía es un sacrosanto principio en la diplomacia latinoamericana. Los asuntos interamericanos están consistentemente marcados por el bloque de precedentes que permitirían algún tipo de intervención extranjera futura en asuntos internos. En efecto, sólo se necesita mirar las dificultades de la Organización de Estados Americanos para aplicar la Carta Democrática Interamericana en el caso venezolano.

Hausmann busca rodear el desafío de la soberanía sugiriendo que la Asamblea Nacional lleve a juicio político a Maduro y nombre un nuevo gobierno que pueda hacer entrar a una fuerza extranjera de liberación. Esto es un tecnicismo que no va a impresionar a los diplomáticos de la región. No está muy lejos de alcanzar a ver esto utilizado como un precedente para intervenciones armadas la próxima vez que haya conflictos grandes entre el ejecutivo y el legislativo de otros países latinoamericanos como, dependiendo del grado de militancia de cada uno, Bolivia, Brasil, Ecuador, Honduras o Nicaragua.

Tal vez la crítica más dura hacia la propuesta de Hausmann viene por su falta de consideración de la historia de las intervenciones armadas para imponer la democracia. Como lo han demostrado claramente las aventuras de Estados Unidos en Oriente Medio, simplemente no funcionan. Los líderes de América Latina saben esto y se refleja en su manera de promover la democracia.

Un régimen político, ya sea autoritario o democrático, se apoya en el subyacente balance de poder social y económico del país. El actual malestar en Venezuela refleja la realidad de caminar por esta tensa cuerda política. Cuando el entonces presidente venezolano Hugo Chávez trató de revisar la Constitución en 2007, el electorado decidió que implicaba una indebida ampliación del poder del presidente y la rechazó. Años después y en una situación similar, los venezolanos respondieron con preocupación a la presidencia de Maduro en 2015 dándole a la oposición una victoria contundente en las elecciones legislativas. Controles y balances estaban en democrática operación. Las ambiciones del gobernante PSUV eran restringidas, pero siguió en el poder porque la oposición no pudo ofrecer una alternativa creíble que pudiera lidiar con los desafíos que enfrentaba una legión de pobres en el país.

Más allá de la aparente ausencia de una oposición creíble en Venezuela, una de las principales razones por las que Maduro ha sobrevivido políticamente es el férreo control de su régimen sobre los militares y la economía. Los intereses de las élites están ahora fuertemente enlazados con el control total del estado. Desestabilizar los intereses representados por el acuerdo de Maduro con las fuerzas armadas podría profundizar la pobreza y conducir potencialmente a una catastrófica guerra civil. De nuevo, la oposición no está ofreciendo un camino claro para manejar estos desafíos, lo que deja a la gente con el demonio que conocen y no con el gran infierno que podría venir.

Para los venezolanos, esto apunta a un desastre aún mayor que el que destaca Hausmann. Parece no ser una opción creíble para un gobierno competente. Aún si lo hubiera sido, los tecnócratas y burócratas necesarios para hacer funcionar un país ya se han ido o han sido expulsados del gobierno, dejando preguntas reales sobre la capacidad doméstica para reconstruir el país. Mezcle esto con el llamado de Hausmann por una intervención armada para restaurar la democracia y tendrá la receta para una sostenida ocupación militar que podría ser convenientemente fondeada por la mayor reserva de crudo del mundo. De nuevo, hemos visto qué tan mal ha funcionado esto en Oriente Medio.

La tragedia de Venezuela es extremadamente compleja y se resiste a las soluciones simplistas. Proponer ideas sin respaldo como una intervención armada es una pérdida del valioso tiempo de los actores políticos que están presionados por cuestiones más urgentes tales como llevar apoyo humanitario a Venezuela y asegurar a la élite política corrupta que se les permitirá una salida tranquila si promueven una transición de regreso al gobierno representativo.

La congoja y el dolor de Hausmann es entendible y compartida. La intervención por invitación, sin embargo, no es una solución viable a la crisis de Venezuela.

Burges es profesor titular de relaciones internacionales de la Universidad Nacional de Australia y profesor visitante de la Universidad de Carleton.

Chagas Bastos es un investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Cambridge.


¿Caerá Maduro en el 2018?
#7

Dicho lo cual, la salida es electoral, porque en Venezuela se vota y eso es la democracia. En el 2007 Chávez perdió las elecciones, demostrando que la vía electoral funciona. Que después Chávez se pasara esos resultados por el orto, es cosa que no merece la pena analizar.

Que siga la fiesta.


#8

El legado de cerca de un siglo de intervenciones directas o indirectas de Estados Unidos en los asuntos internos de casi todos los países de América implica que nadie en el hemisferio va a apoyar una invasión militar directa de Washington.

Maduro no tiene respaldo de los países democráticos en Latam, sin embargo, tiene nuevo canciller en la ONU y sale a dialogar a Rep Dom. Ademas, si un interlocutor legitimo de Venezuela aceptaría una intervención militar como ayuda humanitaria, quienes son ellos para objetar? .

La escala logística y estratégica de una operación así está simplemente más allá de los programas de entrenamiento del conjunto de los cuerpos de oficiales de Latinoamérica. Un brasileño, un chileno, un colombiano o un mexicano podría ser el jefe, pero en realidad la operación y el control estratégico descansaría en los militares estadounidenses y en Washington. Al final, la idea de Hausmann solamente crearía más confusión en un país que arrastra una larga crisis política y económica.

Considerando el desastre que es la actual FAN venezolana. Aprovechar el estado de quiebre seria parte de la estrategia.

La soberanía es un sacrosanto principio en la diplomacia latinoamericana. Los asuntos interamericanos están consistentemente marcados por el bloque de precedentes que permitirían algún tipo de intervención extranjera futura en asuntos internos. En efecto, sólo se necesita mirar las dificultades de la Organización de Estados Americanos para aplicar la Carta Democrática Interamericana en el caso venezolano.

Dificultades debidas a la endeble postura de la AN.

Hausmann busca rodear el desafío de la soberanía sugiriendo que la Asamblea Nacional lleve a juicio político a Maduro y nombre un nuevo gobierno que pueda hacer entrar a una fuerza extranjera de liberación…

Maduro usurpa el ejecutivo. Si el hombre que escribió este articulo no discierne entre una dictadura que inicialmente obtuvo el poder por vías legitimas y una organización criminal que hace un ejercicio descarado de la fuerza para ocupar instituciones, entonces no me extraña que no lo encuentre impresionante. Porque directamente no lo entiende.

Un régimen político, ya sea autoritario o democrático, se apoya en el subyacente balance de poder social y económico del país. El actual malestar en Venezuela refleja la realidad de caminar por esta tensa cuerda política. Cuando el entonces presidente venezolano Hugo Chávez …

Inocuo, la MUD nunca hizo nada significativo para cercenar esas ambiciones, como mucho, dizque presionar para postergar las violaciones, que ocurrieron de todas maneras.

Para los venezolanos, esto apunta a un desastre aún mayor que el que destaca Hausmann. Parece no ser una opción creíble para un gobierno competente. Aún si lo hubiera sido, los tecnócratas y burócratas necesarios para hacer funcionar un país ya se han ido o han sido expulsados del gobierno, dejando preguntas reales sobre la capacidad doméstica para reconstruir el país. Mezcle esto con el llamado de Hausmann por una intervención armada para restaurar la democracia y tendrá la receta para una sostenida ocupación militar que podría ser convenientemente fondeada por la mayor reserva de crudo del mundo. De nuevo, hemos visto qué tan mal ha funcionado esto en Oriente Medio.

Entonces admite que con mas razón se requiere intervención cuando ya no existe capacidad de autogobierno.

La tragedia de Venezuela es extremadamente compleja y se resiste a las soluciones simplistas

Soluciones simplistas como votar?

Mas bien ha pretendido hacerla ver mas compleja de lo que es. Complejo es con Rusia tras los bastidores pero por si solo no lo es. De resto, sin la voluntad del soberano, que es la ciudadanía y sus representantes legítimos, pues eso…


#9

Ya sabía yo, que hay una gran cantidad de come mierdas en este país, pero nunca me había imaginado hasta que punto estamos invadidos de este tipo de personas

Es absolutamente desquiciante, ver las reacciones surgidas, a raíz de lo escrito por Hausmann.

Tiene suerte el tipo de vivir en el extranjero, porque sino, ya aquí hubieran linchado al pobre hombre.


#10

En realidad son una minoría pero hacen mucha bulla.


#11

Ayer escribí un hilo sobre la posición de Churchill, Roosvelt y Stalin ante Hitler, de como Churchill pidió ayuda a Rusia y EEUU y ambos se hicieron los locos.

Rusia porque mantenía una relación de nuevos mejores amigos con Hitler, y EEUU porque estaba en su política de “yo no me meto en peos”, así que se conformaron con permitirles comprar armas y hacer enérgicos rechazos a las acciones de Hitler.

Luego, claro, sabemos lo que pasó, Japón le detonó el culo a EEUU y Hitler invadió Rusia.

En ese momento fue que se dieron cuenta que El Eje no estaba por repartirse Europa, sino el planeta entero.

En fin, hice el paralelismo con la Venezuela actual y… varios salieron indignados a discutir sobre si EEUU sí había ayudado antes de eso, que Roosvelt era un tío muy majo, que…

En fin, que mientras la abuela agoniza y urge llevarla a la clínica, hay quien quiere discutir sobre el color de las pantaletas que hay que ponerle a la abuelita.


#12

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#13

A Correr piojos.


#14

Yo no creo que la cosa sea inminente, pero de que viene, viene.