¿Feminismo, ideología de género y pedofilia? Experto explica cómo se relacionan


#1

Luego de finalizar una gira que lo llevó a Chile, Perú y Paraguay, para comenzar una al interior de Argentina, el politólogo argentino Agustín Laje detalló cuáles son los verdaderos intereses del movimiento feminista contemporáneo al que denominó como “tercera ola del feminismo”.

En diálogo con ACI Prensa, Agustín Laje, coautor junto a Nicolás Márquez del bestseller de Amazon “El Libro Negro de la Nueva Izquierda”, el cual desenmascara la ideología de género como una nueva careta del movimiento político de izquierda, explicó que el feminismo que se vive hoy en día mantiene relación directa con la ideología de género y la pedofilia.

Feminismo e ideología de género

En su libro, Laje detalla la historia del feminismo en tres etapas: 1) una “primera ola” que buscó el acceso a la mujer a los plenos derechos civiles y políticos; 2) Luego una “segunda ola” que estuvo ligada al pensamiento marxista, especialmente a los estudios de Friedrich Engels, quien, en su libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, aseguró que la aparición de la propiedad privada generó un sistema opresivo en la familia, del hombre hacia la mujer, al que llamó “patriarcado”; 3) y finalmente está la “tercera ola” feminista donde nace la ideología de género.

Sobre la “tercera ola” feminista, Laje explicó que todos sus postulados articulan un discurso ideológico que propone la “lucha de clases entre hombres y mujeres”, y como consecuencia de esa lucha, devino lo que hoy se conoce como ideología género.

El politólogo aseguró que “la ideología de género nació para suplir una falta en la izquierda (marxismo clásico) ante la falta del obrero como clase revolucionaria. Esa falta abre paso de una lucha de clases a una lucha por la cultura (neomarxismo)” donde hoy las feministas radicales actúan.

En ese sentido, el también ensayista puso de ejemplo a la teórica feminista Monique Vittig, de Francia, que “escribió un libro que habla sobre el régimen de ‘heterosexualidad obligatoria’ diciendo que Occidente oprime a las mujeres porque las obliga a ser heterosexuales”.

Eso es una curiosidad porque ella fue homosexual y Occidente nunca le puso una traba para serlo, nunca estuvo presa. Sin embargo, ella era pro Mao Tse Tung, de la China comunista, un modelo que tenía para los homosexuales pena de castración y, si reincidían, pena de muerte”, aclaró.

El pensamiento de Vittig y de otras ideólogas género, según Laje, están resumidos en aquella frase de la feminista marxista, Simone de Beauvoir, que en su libro ‘El Segundo Sexo’ dijo: “no se nace mujer: se llega a serlo”, es decir, que la sexualidad deja de ser “un dato de la naturaleza” y se convierte es una “construcción de la sociedad”, lo que hoy se llama “género”.

El joven politólogo también hace en su libro un repaso teórico del feminismo radical en las figuras de Shulamith Firestone, Kate Millet, Zillah Eisenstein y, sobre todo, Judith Butler, quien “estiró tanto el concepto de género como para que en él quepan formas y gustos sexuales de los más extrañas” (multiplicidad de géneros que “rompan la coherencia existente entre el sexo, el género y el deseo sexual”).

Una mirada al feminismo radical de hoy

Agustín Laje indicó que “el feminismo de hoy se caracteriza por ser “un ‘hembrismo’, es decir, un machismo a la inversa. Es un feminismo que ya no se articula por un discurso de igualdad real, sino por un discurso de odio hacia el hombre y de privilegios para la mujer”.

Además, afirmó que este feminismo “tiene algunas teóricas curiosas como Andre Dworkin que explica que toda relación sexual heterosexual constituye una violación contra la mujer o, como Valerie Solanas, que dice que llamar al hombre ‘animal’ es un halago”.

Es por eso que en todas las marchas de este feminismo que impera en estos grupos, encontramos en las inscripciones de los muros de todas las ciudades cosas como ‘asesina a tu novio’, ‘muerte al macho’ y frases por el estilo”, destacó.

Sobre los feminicidios o femicidios, Laje dijo que jamás ocurre “una investigación para saber si eso fue efectivamente uno”.

El feminicidio se define por la intencionalidad del ataque del hombre a la mujer, en el cual el móvil de esa violencia es el odio hacia el otro ‘género’ como tal. Cada vez que se presenta un caso de feminicidio nadie realiza un peritaje psicológico ni nada por el estilo. Sin embargo, el mayor número de muertes de mujeres por asesinato no son por casos de feminicidio y nadie habla de eso”, destacó.

El politólogo reiteró que no existe verdaderamente una lucha “por los ‘géneros’”, sino “una lucha que es política y que se explica a través de los intereses del movimiento político de izquierda”.

Feminismo y pedofilia

Laje indicó que “empíricamente hay muchos datos”, por ejemplo “en Alemania hay organizaciones de feministas que han lanzado solicitudes y apoyos públicos a grupos explícitamente pedófilos”.

Entre estos grupos se encuentran la NAMBLA (North American Man/Boy Love Association) y el IPCE (International Pedophile and Child Emancipation).

Desde las feministas Simone de Beauvoir, pasando por Shulamith Firestone, Kate Millet, llegando a Lola Pérez, quien hoy en España escribe desde su Twitter a favor de la pedofilia, argumentan a favor del ‘sexo intergeneracional’ o los boys lovers, como los llaman ellos”, dijo Laje reafirmando las tesis de su libro.

Esto sucede porque todo parte de un mismo tronco teórico que es la ideología de género. Esta dice que la sexualidad no tiene que ver con la naturaleza, sino que es una construcción de la cultura”.

¿Qué es la cultura? Viene de la palabra cultivo, es decir, lo que el hombre hace y de lo cual el hombre es también hecho. La cultura es puro azar, la natural es lo dado y que no se puede modificar”, destacó.

Finalmente, dijo que “si la sexualidad es pura cultura”, entonces “no tiene límites”.

Por ejemplo, el ala joven del Partido Popular Liberal Sueco está pidiendo una ley para que se legalice el incesto y la necrofilia. En Canadá hace poco se legalizó la zoofilia, es decir, el sexo con las bestias”.

Y en el caso de la pedofilia tenemos a Holanda, donde en el 2006 se creó un partido (The Party for Neighbourly Love, Freedom, and Diversity) cuyo único fin era la legalización de la pedofilia y lo explicaban en los mismos términos que los ideólogos de género”, concluyó.

Fuente: https://www.aciprensa.com/noticias/feminismo-ideologia-de-genero-y-pedofilia-experto-explica-como-se-relacionan-61916


#2

Aunque no estoy del todo de acuerdo con algunos aspectos de su explicación, lo cierto es que esos grupos hacen más y más ruido cada vez que pueden.

Siempre creí que hablar de estas cosas era propio de personas aburridas, porque los “radicales” son grupos pequeños y no tienen tanta cobertura como ellos mismos dicen. Pero están llegando a niveles que asustan. Como por ejemplo, evitar usar “Mujer embarazada” para no ofender a los transgéneros., o como la otra vez que un tipo en plena protesta hizo un chiste malo y algunos lo tomaron como un chiste sobre sexo.


#3

Esos grupos viven de crear escándalos. Tienen que llamar la atención porque sufren de una carencia importante de contenido.


#4

Hace nada vi en Twitter a una que le hicieron una recomendación sobre las redundancias innecesarias, a lo que la interpelada acusó a quien hizo el tuit de “creer que se las sabía todas sobre el idioma”.

Nada especial, de no haber sido por que quien le hizo la sugerencia fue la mismísima cuenta oficial de la RAE.

Se han perdido los parámetros, la mesura, la cabeza y sobre todo, se ha perdido el sentido del ridículo.


#5

Yo creo que la tecnología actual hace más sencillo difundir las pendejadas que dice o hace la gente. Imagino que esa persona hubiese dicho lo mismo aunque tuviera a un representante de la RAE de frente.


#6

¡Nah! yo no lo creo. el anonimato es una potente desinhibidor.

Recuerdo haber leído sobre un experimento… fue hace muchos años, el asunto era colocar espejos en zonas propensas a los robos. Curiosamente los robos bajaban, porque parece ser que aunque muchas personas están dispuestas a robar son menos las personas dispuestas a verse robando.

Por un lado está el anonimato y por otro el respaldo social.

En la calle ves gilipollas pero jamás con la frecuencia y cantidad que los ves en internet, y luego están los sitios con una concentración especialmente alta, verbigracia Noticiero Digital.

Claro que también tiene su lado bueno, pero es tarde y mejor lo hablamos ya mañana.


#7

Hoy en día hay cosas que no se pueden decir, cosas por las que de inmediato te tachan de homófobo o de machista.

Ajá, son las palabras mágicas que emplean los seguidores de la ideología de género. Estos calificativos permiten zanjar, incluso antes de empezar, una discusión con cualquiera que tenga la osadía de hablar de sexualidad natural o de educación de los padres. El discurso que consideran patriarcal activa automáticamente el resorte.

Y con esta etiqueta queda eliminada la posibilidad de debatir.

Claro, es el objetivo. Es la forma de cerrar filas y fortificar territorio conquistado de la que posiblemente sea la última revolución que veamos: la revolución del género.

Vayamos a lo básico, ¿qué es la ideología de género?

En su núcleo, es un movimiento que niega el dato biológico, que considera que la naturaleza no determina la orientación y el comportamiento sexual de una persona. Según la ideología de género, la biología –exista o no- no significa nada, no marca tu identidad sexual. Aun así, una puntualización previa: los autores a los que consideramos como dentro de la ideología de género suelen rechazar este nombre: ellos hablan de gender studies o “perspectivas de género”, para dar un barniz académico y neutral al asunto.

La preocupación por el género no es solo un proyecto antropológico: es político”
Pero entonces, ¿es correcto hablar de ideología de género?

Sí, porque –como en todas las ideologías- los pensadores del género pretenden crear un sistema cultural de valores que abarque a todos los aspectos de la vida en sociedad. No se contentan con decir que van a solucionar las relaciones entre las personas, sino que pretenden una reconstrucción plena de la realidad. La preocupación por el género no es solo un proyecto antropológico: es político.

¿Es un proyecto político en tanto que persigue transformar la realidad?

Claro. Los ideólogos de género parten de una intuición marxista pasada por el filtro de autores como Gramsci, y se dan cuenta de que la revolución debe ser sobre todo cultural. Conciben el sexo como base estructural de la sociedad, en tanto que la sexualidad –dicen- ha sido utilizada como instrumento de represión por todas las culturas. Creen, como Foucault, que la revolución comienza en las camas.

Y desde ahí, ¿tomar el poder por asalto?

No, y aquí hay que recurrir a Gramsci. Él fue el primero que entendió que Marx y Lenin se equivocaban, que Occidente no es como Rusia: no se puede conquistar el Palacio de Invierno por la fuerza sin antes haber tomado los entramados de la sociedad. La Europa occidental cristiana es tan rica en relaciones y tradición que para conquistar la sede del poder tienen que haberse tomado los centros de irradiación cultural.

¿Esto han hecho los ideólogos de género?

Desde luego: no es casual que se haya extendido de un modo tan amplio; no lo habría hecho sin la pretensión de imponerse. La ideología de género entiende que la política es sexo, y que en la medida en que se modifica el sexo se puede llegar al poder político. Fíjate: está muy extendido el discurso de que los países que ponen más énfasis en promover las relaciones de género –las que están fuera del ámbito patriarcal y falocrático: uniones homosexuales, familias alternativas- son también aquellos con más democracia, con más derechos, con más participación, con más inclusión social…

Entonces, ¿ideología de género y democracia se retroalimentan?

Sí, y hay feministas que lo dicen abiertamente. Subrayan que solo puede haber una democracia directa o verdadera allá donde se establezcan relaciones de género. Es una concepción que bebe de Foucault: él hablaba de los micropoderes, de que toda interacción entre dos personas es política porque allí actúa una relación de poder. Así, cualquier relación interpersonal basada en la supremacía de un género sobre el otro da como resultado regímenes autoritarios y poco participativos. La democracia, así, sería un fruto de la nueva des-normativización sexual.

Hablas de feministas, ¿es lo mismo feminismo que ideología de género?

No exactamente: hay que distinguir entre las tres olas del feminismo. La primera es la del feminismo de equidad o de igualdad, que reivindicaba la igualdad de derechos entre hombres y mujeres: el voto, los derechos laborales… La segunda ola es el feminismo de diferencia, centrada en subrayar las incompatibilidades de hombres y mujeres. Es el ataque al macho, la reivindicación del lesbianismo. “La única persona que puede entender a una mujer es otra mujer”, decían.

La feminista de género piensa que todo está empeorando, porque en todo ve señales de patriarcado”
¿Y la tercera ola?

Es propiamente el feminismo de género, que nace en los años 90 a partir del segundo tipo, pero lo supera al creer que la naturaleza como dato biológico puede ser superada. La herramienta utilizada para hacer esta afirmación es la ciencia, que permite un acceso al cuerpo que antes no se tenía. Este tercer feminismo mira al primero y no se reconoce.

Pero es un antecesor, ¿no?

Ya, pero los logros de ese feminismo se ven como un retroceso de las conquistas del género. Mira, Christina Hoff Sommers –que es moderada- dice que, “mientras que la feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer, la de género piensa que todo está empeorando, porque ve señales de patriarcado por dónde quiera”. De hecho, el de la primera ola es un discurso ya desfasado.

¿En qué sentido?

El discurso de que la mujer está oprimida y debe ser liberada ya es viejo: ahora se habla de otras cosas, como de que la misma sexualidad es un impedimento a la transformación que debe ser superada. De hecho, en Japón –que nos lleva diez años de ventaja- ya está tipificada la generación de los hombres “herbívoros”, aquellos que no tienen ninguna relación, que viven en un entorno completamente asexuado y manifiestan su pulsión sexual de modo totalmente individualista, privado, aislado. En las ciudades hay cabinas en las que se encierran tras el trabajo y en las que viven su sexualidad, sin relación con el otro.

Stefano Abbate ideología de género feminismo

Se me hace difícil ver en nuestra sociedad el paso de la situación actual –en la que se promueve mucho el sexo, sin prejuicios ni responsabilidades- a una de abstinencia…

El tema de fondo es que no hay metafísica: si el dato biológico no nos determina, no hay un ser que comunique algo previo a la libertad. Vivimos en la anomía -la ausencia de nomos, de falta de referente moral-, y en este entorno surgen dos respuestas: la del ascético y la del libertino. Parecen opuestas, pero es tan anómico transgredir como rechazar las inclinaciones naturales, ambas manifiestan odio hacia el ser que está en las cosas. El herbívoro y el vividor se conectan porque ambos rechazan el deber proveniente de un ser previo a su libertad.

Otra de las dianas habituales de los ideólogos de género es la familia tradicional, el matrimonio entre hombre y mujer.

Sí, pero esa idea también está ya superada: Marx pensaba que el matrimonio era el primer lugar de opresión, pero los pensadores de género modernos ya han superado la familia, porque esta no deja de tener un cierto rasgo cultural. Es natural casarnos, desde luego, pero no lo hacemos igual hoy que hace tres mil años… Pero hay algo que sí es siempre igual: la maternidad. El género siente como la violencia más inmediata en la mujer el hecho de dar a luz.

¿Y qué ha hecho contra ella?

La maternidad ha estado en el punto de mira durante las últimas décadas: ya fue atacada en la segunda ola del feminismo, pero es el género quien recoge los frutos. El primer paso es la separación de la procreación del matrimonio, y el segundo, la separación del acto sexual de la maternidad. Esto ya es común hoy en día: yo puedo tener sexo sin el riesgo de la maternidad, sea vía anticonceptivos o métodos abortivos. El siguiente paso lógico es separar la maternidad de la madre; por ejemplo, con vientres de alquiler.

La maternidad ha estado en el punto de mira del género durante las últimas décadas”
Hace pocos días salía la noticia de que el Gobierno de España regulará la gestación subrogada.

¿Cómo es posible que una reivindicación que nace de un entorno que pretende ponerse del lado de los más débiles, de los oprimidos, permita la opresión de mujeres del tercer mundo subdesarrollado que, a cambio de dar su cuerpo, renuncian a la maternidad? El Occidente opulento, que tiene que decirse a sí mismo que es bueno, ha encontrado la máxima manifestación de la ayuda alquilando el vientre de una mujer por 3.000 dólares. Es una contradicción en términos brutal.

En tus escritos sueles explicar el fenómeno de la ideología de género a través de la comparación con la herejía gnóstica, ¿puedes explicar en qué consiste?

Esta herejía fue una de las primeras a las que tuvo que hacer frente la Iglesia, durante los primeros siglos después de Cristo. Es la doctrina filosófico-religiosa que ve en lo natural una caída: ante la imperfección del mundo, ante la muerte, el hambre y la enfermedad, el gnóstico decide auto-redimirse. En la espiritualidad gnóstica, unos pocos escogidos toman conciencia del motor del sufrimiento y se conciben a sí mismos como los elegidos para transformar el ser. En el caso de la ideología de género, la fuente del sufrimiento es la diferenciación de sexos. Estas ideas no son mías: en “La metamorfosis de la gnosis”, Emanuele Samek Lodovici explica muy bien el patrón gnóstico del feminismo de género.

¿Cuál es este patrón?

Se resume en la secuencia emanación-caída-recomposición. Al principio hay una unidad cerrada y perfecta, que –por alguna razón desconocida- cae a la materia y se diferencia. Tras esta caída, la Creación busca volver a su unidad, y esta pulsión mueve a la ideología de género a alcanzar un mundo donde no haya ni masculino ni femenino, donde la sexualidad se fundamente sobre la nada. Es una vuelta al mito andrógino, a modelos de comportamiento completamente libres con un trasfondo metafísico absolutamente nulo: si todo es posible, todo vuelve a ser indiferenciado, y la unidad se recompone.

Cuando hablas de la raíz gnóstica de la ideología de género, ¿es algo consciente desde dentro?

Evidentemente no: si le hablas a Judith Butler de gnosis, lo más probable es que no sepa de lo que estamos hablando, pero –sin saberlo- ella y el resto de ideólogos están siguiendo un patrón. La gnosis brota de un modo cíclico en la historia, porque es una doctrina seductora: promete al ser humano una redención inmanente. Te promete que a través de tus obras y de tu saber podrás recomponer la realidad corrupta.

Y –como veíamos al principio- el instrumento para cambiar esta realidad es el poder, ¿no? La política.

Exacto. Los centros de irradiación cultural -los medios de comunicación, las universidades, los partidos…- hoy están totalmente tomados, y por eso los ideólogos del género se sienten con fuerza para aspirar al poder.

Me viene a la cabeza la imagen de las olas cuando sube la marea: avanzan hasta un límite y, cuando retroceden, el terreno conquistado por el mar ya ha superado el límite anterior.

Claro, pero lo que sorprende en los últimos 50 años es que este juego que identificas con la marea ha sido extraordinariamente rápido. El mundo que conocieron nuestros abuelos es ya uno totalmente distinto del que hemos conocido nosotros, con lo que, si uno se da la vuelta para ver el origen, ya no ve nada: no se ve el mundo previo a la revolución. Un discurso de este tipo solo tiene sentido si la tradición ha sido apartada, superada, y una de las herramientas más poderosas para subvertir la tradición la comentábamos al empezar: los tabús, las palabras prohibidas.

Quedas obligado a usar un vocabulario que te lleva a alcanzar las conclusiones prefijadas”
¿Cómo ocurre esto?

Esta marea, como todo proceso humano, podría ser retrocedida: necesita crear corrales para evitarlo, y estos son los tabús, con los que se elimina la posibilidad misma del pensamiento crítico. Quedas obligado a usar un vocabulario determinado que te lleva a alcanzar las conclusiones prefijadas. Los tabús se acompañan, como explica Voegelin, de la prohibición de hacer preguntas. Estas despiertan un mecanismo casi automático de defensa de la revolución.

Hay una especie de fobia al escándalo.

Es un mecanismo puesto en marcha por aquellos a los que aterra salir de su zona de confort, que no pueden formularse preguntas que pongan en discusión su edificio intelectual. En EEUU ya se habla de la generación snowflake, o copos de nieve: aquellos jóvenes que se sienten turbados por un discurso que atente contra sus principios ideológicos. Se niegan de entrada a escuchar un discurso que ponga en discusión su terreno, su vida.

Y sin embargo a pesar de esta prohibición sutil, el género se vende como un discurso libre, abierto y moderno, ¿por qué?

De nuevo, volvemos al patrón gnóstico: ¿quiénes son los gnósticos? Aquellos que han entendido, aquellos que saben. En el momento en que me uno al discurso oficialista, el que va con el espíritu del tiempo, aquel contra el que nadie puede decirme nada, siento que ejerzo la única libertad posible. No me doy cuenta de que, si yo dijera otra cosa, no me sería permitido decirla, pero al ver que todos me aplauden y me incitan a profundizar en mi propuesta –que no es más que la repetición de un patrón ya adecuado a la sociedad- me siento libre. Este barniz de libertad es el saberse poseedor de una verdad que puedo repetir.

El panorama pinta negro, según lo explicas, ¿podemos albergar esperanza?

La ideología de género tiene éxito, desde luego, y sus planteamientos se van a terminar de imponer, pero en última instancia fracasará. Llega un punto en que la propia realidad se impone por sí misma. Que estemos aquí hablando del año de los transgender… pues mira: hay una urgencia vital que sobrepasa estos discursos. De algún modo, la debilidad de este tipo de revoluciones es que llega un punto en que es todo tan antinatural, tan artificial, que acaba autodestruyéndose.

Recuerda al marxismo en la Unión Soviética.

Es lo mismo: allí el discurso oficialista decía que todo iba bien a la vez que la realidad se estaba desmoronando bajo sus pies. Se hizo evidente la distancia entre el paraíso ideal que predicaban y el infierno real que vivían, y este es el destino de toda utopía, de todo intento de reformulación de la naturaleza humana. Al final, a pesar de tanta transformación de la naturaleza, el deseo de felicidad está en todos, y estos planteamientos al fin y al cabo no llenan el corazón. El fracaso del género surgirá de su propia heterogénesis de los fines.

¿Eso qué significa?

Es lo que pasa cuando uno busca algo y logra otra cosa. En este caso, buscando la libertad, encuentran una esclavitud brutal, que nace de un mundo hecho de relaciones fugaces y desprovistas de moral. Buscando la felicidad, se encuentran la infelicidad, y ahí estará su derrumbe. Lo preocupante es –una vez que esto pase-, ¿desde qué escombros vamos a trabajar? ¿Desde qué ruinas? Tras la revolución de género la mujer que quede puede ser cualquier cosa.

Fuente: La ideología de género retoma una de las herejías más seductoras de la Historia


Aquí me desvío un poco del tema inicial porque, bueno, con todas las loqueras que he visto dentro y fuera de Internet, la “tercera ola” da algo de que hablar. Creo que es una de las razones por las que el feminismo como tal ha ido perdiendo apoyo en EEUU y en menor medida en Reino Unido. ¿Qué opinan?


#8

Es una moda que se va a acabar sola, como dice el texto al final. No es nada novedoso en la historia humana. Al final, se tropiezan con la terca realidad.

Desconocer los géneros tiene tanto sentido como desconocer la gravedad.